Mónica BellucciMi amigo Chema, un artista que domina muchos registros y todo lo que hace lo hace a conciencia había creado una nueva línea de camisetas sport que sin duda serían un éxito como todo lo que lleva el Chema’s touch. Al pedirme mi parecer sobre la actriz que mejor encajaría para publicitarlas le dije que Monica Bellucci pero que quizá estaba fuera de presupuesto. Entonces me dijo que no me preocupara porque Pixar y DreamWorks se disputaban apoyar el proyecto. Ahí descubrí –nunca es tarde- que me encantaban los dibujos animados.
El gran éxito teatral del año, Calígula, tenía a Chema tan ocupado que ese sábado no pudo ir a hablar con Mónica y me dejó a mí el encargo. Con la promesa de no fallar a mi amigo me dirigí al hotel.
Mónica me esperaba en la 112 del Ritz, si recuerdo el número de habitación es porque por momentos lo pasé tan bien que creí morir y pensé en llamar al SAMUR para decir que la estaba palmando de placer.
Me recibió con una bata de seda que dejaba entrever unas curvas de ensueño; enseguida le dije que lo mío no era hablar de contratos sino de medidas y saqué el metro de hule amarillo que me regaló mi abuela. Tuve que insistir porque ella no dejaba de reír pero conseguí convencerla de que yo era muy meticuloso -la lengua nos delata- y necesitaba tomar sus medidas y apuntarlas con mi lápiz de carpintero.
Al pasarle el metro por la cintura noté que se sentía incómoda y para relajarla le pregunté por su último marido, Vincent Casel
-Ya no estamos juntos, -me dijo con gesto compungido- ahora estoy sin amor.
Al verla tan triste y desamparada la abrace como se abraza a una cabritilla perdida del rebaño pero Mónica no olía a choto sino a uno de esos perfumes caros que te envuelven y hacen perder la cabeza a los hombres. Casi sin querer descubrió que por debajo de la cintura yo tenía algo más que la hebilla del cinturón.
-Vaya, que sorpresa más agradable, me soltó de sopetón mientras no dejaba de rozarse conmigo ni yo de tomar medidas. Enseguida cogí confianza y me atreví a preguntarle si sabía quién era su tocaya Mónica Lewinsky;entonces me lanzó una mirada picarona y me dijo en su idioma: ”sei un malandrino”.
En el plasma comenzaba 2001: Una Odisea del Espacio y mientras los monos destrozaban tibias yo acariciaba su rodilla imaginando como tendría la cabeza del fémur.
-“Me gustan los monos” me dijo cuando empezó a sonar "Así habló Zaratrusta"-
-"Me gustan mucho los monos”, volvió a decir.
-¿Te gustaría conocer a Tarzán? Le dije yo haciendo el gesto de Johnny Weissmüller. Entonce fue cuando se levantó, puso por fuera de la 112 -¡Socorro, SAMUR!- el cartel de “no molestar” y llamó al “Room service”.
-“Pronto, pasta per due y Chianti molto freddo per servire entro due ore”
-Si te he entendido bien, ¿primo facciamo l'amore e doppo mangiamo la pasta?
-"Questo è, caro Tarzán”
Le iba a decir "andiamo a letto" en su idoma pero me sonaba mejor en el mío “Vamos a la cama, Jane".
El grito de la jungla sonaba entre susurros mientras mis labios se juntaban con los suyos:
"Ooooooooooooh ooooooh oooooooooooh".