jueves, 30 de agosto de 2012

Sonia Braga


Cuando me desperté la Braga todavía estaba allí. Desde la terraza de mi habitación en el César Park de Río de Janeiro situado frente a la playa de Ipanema, observaba como unos jóvenes practicaban ritos de magia negra, era la nochevieja del 88. Horas antes de la media noche las hogueras y el vudú llenan las playas de Río en un gran espectáculo de luz y sonido que surge espontáneamente, Macumba le llaman allí. Estaba en Río para rodar una corta aparición en la Telenovela del gran Jorge Amado, Gabriela, protagonizada por Sonia. Yo hacia de un rico hacendado español con traje blanco de lino. Cuando acudí a la fiesta en Barra de Tijuca en la que estaban mis amigos Caetano Veloso, Joao Gilberto, Milton Nascimento, Xuxa y Astrud Gilberto, también estaba ella.  Al verla, se me pasaron ideas muy raras por la cabeza o...quizás no eran tan raras pero quedé abismado. El día que quedamos para ensayar en su casa de Leblón acudí con el traje de lino para que apreciara que yo era un profesional, pero ella no paraba de reír. Me recibió vestida de Carmen Miranda sólo con el canasto de la fruta sobre la cabeza, había perdido hasta el apellido. Se le cayó una manzana y la mordí. Cuando se fue a la ducha y me llamó: - ¿Voçe gosta de darme jabón por la espalda?, pensé: de ser un sueño querría que fuera un sueño eterno. Cuando se dio la vuelta, vi que su cuerpo era puro Brasil, salvo los pezones que se asemejaban a galletas María de chocolate y olían a Aguilar de Campoo, su boca era el Pan de Azúcar y su cabello pura Amazonía, me colgué de las lianas de uno de sus mechones y recorrí el país hasta el Mato Grosso do Sul.

- "Eu gosto de voçe" -me dijo, mientras seguía  moviendo esa estructura que le dio la naturaleza o Dios, que más da.
-Voçe é como as estrellas muito mais bonitinha que elas. Non posso mais amar a ninguem  -le dije. Entonces tomé el berimbau y a ritmo trepidante, le dediqué a Cançao do mar, de Ellis Regina.
En el amanecer malva, Sonia me miraba atenta. Fui consciente de la fascinación que producían en ella mis conocimientos musicales y mi voz rasgada, entonces  le canté una última canción, la última que compartimos juntos.

Nega do cabelo duro
Qual é o pente que te penteia?
qual é o pente que te penteia?
Quando tu entras na roda
 O teu corpo serpenteia
Quando tu entras na roda 
Tem un "q" que me tonteia.

Nos atontamos con me "tonteia" y nos desmayamos hasta bien caida la tarde.
Era la noche de reyes. Yo disfruté moito del regalo. Es más, aún sigo creyendo en los Reyes Magos.



lunes, 6 de agosto de 2012

Brigitte bardot



Acabo de llegar del veterinario de vacunar a todas mis hormigas, las he dejado muy contentas en su montoncito de arena y las vigilaré por si tienen fiebre. Todo el amor que le tengo a los animales se lo debo a BB. Me tuvo una semana entre gatos y perros sin salir de La Madrague para resguardarme de los paparazzi y pedíamos la comida a domicilio a Sénéquier, la creme de la creme de Saint-Tropez. Desde entonces soy vegetariano, que no me hablen de los andares del cochinillo, de la sonrisa del rape, o de la lubina a la sal, donde esté un pepino y una escarola...
Estábamos rodando exteriores de la película de Luis de Funes El gendarme de St-tropez y al verme con el uniforme de la gendarmerie se quedó epaté de foie. Ella pasaba con su Rolls Roice blanco y me llamó, nadie le había dicho que no a BB hasta ese momento; yo tampoco.

El día que le hice un micuit artesano receta de mi abuela llamó al servicio para que no nos molestaran y nos pusimos a hacer cucamonas con las hojas de la ensalada. Ella me daba una hojita de lechuga y me decía pour toi mon amour y yo le enseñaba  otra y le decía aprés toi chérie; todo sucedía mientras escuchábamos a un tal Aznavour, un tío muy feo pero con unas canciones muy apropiadas para nuestra liaison; el amor es lo que tiene.

 Nuestro amour fou lo estropeó un tal Gunter Sachs, un multimillonario que no se le ocurrió otra cosa mejor para encandilarla que regar la playa de St.-Tropez, de rosas desde una avioneta que al mismo tiempo dejaba una estela tontísima que decía "Je t'aime BB", una horterada que yo sabía que no funcionaría; pues funcionó.
Y aquí me tienes con Leo y Messi, mis dos Yorkshire Terrier entrenándolos para que aprendan comandos.

 

martes, 31 de julio de 2012

Dominique Strasberg


Siempre me gustó la frase del barón Pierre de Coubertain: Sexus, siestus, fiestus, ¿o no es así? Bueno, el caso es que conseguí la mínima en la especialidad de tiro con arco para los Ángeles 84' después de rodar Robin de Sherwood, la película que me dio tanta popularidad en La India; rodar en Bollywood y que la película sea un éxito de taquilla en Bombay es lo que tiene.
En los juegos quedé el vigésimo séptimo de veintisiete, y es que ya se sabe: no se puede estar al plato y a las tajás. Al quinto día de estar en La villa olímpica se nos habían agotado los siete mil Durex, lo que me valió el apelativo de Mr.Cóndon por las graciosillas y fogosillas nadadoras australianas; me habían dado el encargo de repartirlos entre la delegación española pero quizá no tuvieron en cuenta la fogosidad hispana; medallas no sé si conseguimos cuatro o cinco pero la antorcha entre compañeros y compañeras estaba encendida a todas horas, no necesitábamos ir al pebetero. 
  La canadiense se sintió atraída por mí cuando vio que las atletas hindúes se querían hacer fotos conmigo a todas horas; en el buffet, le hice un pick and roll a Larry Bird para coincidir con ella en los postres y enseguida supe que no me quedaba más remedio que pasar por el aro. Lo suyo era la exhibición en gimnasia rítmica y lo mío acertar en la diana.
Me dijo que la noche anterior a la competición necesitaba un par de "prestaciones" pero que su habitación la compartía con otra compañera y que el entrenador no quería que se separaran ni un momento, le dije que yo era hombre de una sola mujer pero que podía hacer una excepción si me obligaban a un "ménage á troi" 
Entre las mazas, la pelota, la cuerda y las cintas -¡que arabescos me hacían con las cintas!-, nos salió una exhibición de diez, que lastima que no hubiera jueces para vernos en los ejercicios de suelo, creo que me olvidé hasta las flechas en la habitación.
Hace poco estuve en La India; me trataron como a una vaca sagrada, aún no se si por la admiración o porque he engordado un poquito.





martes, 17 de julio de 2012

Jessica lange


Mi potro Lucky Look montado por Lester Piggott ganó el Derby de Epson para envidia de Isabel II; con el pastón que me dieron al venderlo para semental me compré una pastelería en Ginebra y un Sirocco MK II nueve metros para navegar por el lago Leman. Sabia que nos encontraríamos regateando porque había leído en el Harper’s Bazaar que ella estaba allí. La localicé a barlovento, enfilé la proa y sintió curiosidad.

 -Tengo una una pastelería- le dije mientras deplegaba el spinnaker aprovechando la empopada para impresionarla.
 -Y yo un rancho en Milwaukee -me contestó.
-También tengo un quintal –o quizá dije un costal- de harina de buena calidad ¿Quieres probar mis petits plaisirs? Ambos habíamos tendido velas aprovechando el viento favorable y me situé a su banda para abarloar los barcos. Al llegar al pantalán le eché un cabo y supe que la magia del amarre había funcionado.
-Te encantará mi obrador, tengo una mesa muy grande -le dije al llegar a la pastelería donde sin tardanza me puse a abrir el saco de harina, ¿en que estaría yo pensando?
-Tu has visto “El cartero siempre llama dos veces”
 -No lo dirás por lo de la harina ¿verdad? También he visto King Kong y no me verás haciendo el mono como un gilipollas. Cuando lancé la harina sobre la mesa con el arte que me caracteriza supe que aquello no tenía vuelta atrás.
 -¿Prefieres un masaje con fondou de chocolat o pasamos directamente a lo de la harina? Ella dudaba entre un par de profiterols o el macaron.
-No se yo si…
 -Tómate tu tiempo, hoy hay colegio y no pienso abrir la pastelería, -la dije- mientras subía el sonido de la música de la banda original de La Línea Onedin, el Spartacus de Aram Khachaturian, y seguíamos amasando. Cuando arrió velas me lo soltó:
-Cuando te vi desplegar el spinnaker…




Sofia Loren



En "La caida del Imperio Romano" Sofia Loren era la hija de Marco Aurelio y yo tenía un papel injustamente valorado por los críticos puesto que no me mencionaron: era el quinto romano a la izquierda de Sofia. Mi madre me dijo cuando la llevé a ver la película -"hijo mío, nunca habia visto a un hombre en minifalda con tanta autoridad", y es que como una madre no te conoce nadie, y además, yo era un auténtico soldado romano.Un día le dije que il mío papa era calabrese y la mía mamma sicialana y se puso a bailarme una tarantela. Recuerdo un día en su caravana que estabamos bailando la polka entre risas y chianti y llamó Carlo, su marido a la sazón, desde Roma, ahí me demostró la grandisima actriz que era. Sofia era una mujer que dejaba mucho que desear, espero que no se me malinterprete.




Julie Christie




.Conocí a Julie Christie durante el rodaje de Dr. Zhivago, ella era Lara Antipova y yo el ruso que bajaba del tranvía cuando subía Omar Shariff. Lo nuestro fue un flechazo unilateral; un día le dije "I love you" y ella me contestó "fuck off". Nunca he querido que me lo tradujeran, seguro que era algo bonito.




lunes, 2 de julio de 2012

Jackeline Bisset




En el cine, como en la vida, nada es lo que parece. Se lo dije a mi amigo François Truffaut cuando le di el filtro para rodar “La noche americana”, que consiste en simular la noche a plena luz del día. Allí conocí a “Jackie”, como le gustaba que la llamaran sus amigos. Le conté que yo no era ningún “largón” como Jean Pierre Léaud, que yo no contaría nada y quedamos para cenar; me puse mis pantalones campana y mi camisa de seda; estaba tan elegante como Travolta en “Fiebre del sábado noche”, pero a ella no pareció impactarle; aprovechando que estábamos en Paris me lo soltó nada más verme: “vous êtes pathétique”. Quizá me pasé con el Varón Dandy”.