martes, 17 de julio de 2012

Jessica lange


Mi potro Lucky Look montado por Lester Piggott ganó el Derby de Epson para envidia de Isabel II; con el pastón que me dieron al venderlo para semental me compré una pastelería en Ginebra y un Sirocco MK II nueve metros para navegar por el lago Leman. Sabia que nos encontraríamos regateando porque había leído en el Harper’s Bazaar que ella estaba allí. La localicé a barlovento, enfilé la proa y sintió curiosidad.

 -Tengo una una pastelería- le dije mientras deplegaba el spinnaker aprovechando la empopada para impresionarla.
 -Y yo un rancho en Milwaukee -me contestó.
-También tengo un quintal –o quizá dije un costal- de harina de buena calidad ¿Quieres probar mis petits plaisirs? Ambos habíamos tendido velas aprovechando el viento favorable y me situé a su banda para abarloar los barcos. Al llegar al pantalán le eché un cabo y supe que la magia del amarre había funcionado.
-Te encantará mi obrador, tengo una mesa muy grande -le dije al llegar a la pastelería donde sin tardanza me puse a abrir el saco de harina, ¿en que estaría yo pensando?
-Tu has visto “El cartero siempre llama dos veces”
 -No lo dirás por lo de la harina ¿verdad? También he visto King Kong y no me verás haciendo el mono como un gilipollas. Cuando lancé la harina sobre la mesa con el arte que me caracteriza supe que aquello no tenía vuelta atrás.
 -¿Prefieres un masaje con fondou de chocolat o pasamos directamente a lo de la harina? Ella dudaba entre un par de profiterols o el macaron.
-No se yo si…
 -Tómate tu tiempo, hoy hay colegio y no pienso abrir la pastelería, -la dije- mientras subía el sonido de la música de la banda original de La Línea Onedin, el Spartacus de Aram Khachaturian, y seguíamos amasando. Cuando arrió velas me lo soltó:
-Cuando te vi desplegar el spinnaker…




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