Mi potro Lucky Look montado por Lester Piggott ganó el Derby de Epson para envidia de Isabel II; con el pastón que me dieron al venderlo para semental me compré una pastelería en Ginebra y un Sirocco MK II nueve metros para navegar por el lago Leman. Sabia que nos encontraríamos regateando porque había leído en el Harper’s Bazaar que ella estaba allí. La localicé a barlovento, enfilé la proa y sintió curiosidad.
-Tengo una una pastelería- le
dije mientras deplegaba el spinnaker aprovechando la empopada para
impresionarla.
-Y yo un rancho en Milwaukee -me
contestó.
-También tengo un quintal –o quizá
dije un costal- de harina de buena calidad ¿Quieres probar mis petits plaisirs?
Ambos habíamos tendido velas aprovechando el viento favorable y me situé a su
banda para abarloar los barcos. Al llegar al pantalán le eché un cabo y supe
que la magia del amarre había funcionado.
-Te encantará mi obrador, tengo una
mesa muy grande -le dije al llegar a la pastelería donde sin tardanza me puse a
abrir el saco de harina, ¿en que estaría yo pensando?
-Tu has visto “El cartero siempre
llama dos veces”
-No lo dirás por lo de la harina
¿verdad? También he visto King Kong y no me verás haciendo el mono como un
gilipollas. Cuando lancé la harina sobre la mesa con el arte que me caracteriza
supe que aquello no tenía vuelta atrás.
-¿Prefieres un masaje con fondou
de chocolat o pasamos directamente a lo de la harina? Ella dudaba entre un par
de profiterols o el macaron.
-No se yo si…
-Tómate tu tiempo, hoy hay
colegio y no pienso abrir la pastelería, -la dije- mientras subía el sonido de
la música de la banda original de La Línea Onedin, el Spartacus de Aram
Khachaturian, y seguíamos amasando. Cuando arrió velas me lo soltó:
-Cuando te vi desplegar el spinnaker…

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