martes, 31 de julio de 2012

Dominique Strasberg


Siempre me gustó la frase del barón Pierre de Coubertain: Sexus, siestus, fiestus, ¿o no es así? Bueno, el caso es que conseguí la mínima en la especialidad de tiro con arco para los Ángeles 84' después de rodar Robin de Sherwood, la película que me dio tanta popularidad en La India; rodar en Bollywood y que la película sea un éxito de taquilla en Bombay es lo que tiene.
En los juegos quedé el vigésimo séptimo de veintisiete, y es que ya se sabe: no se puede estar al plato y a las tajás. Al quinto día de estar en La villa olímpica se nos habían agotado los siete mil Durex, lo que me valió el apelativo de Mr.Cóndon por las graciosillas y fogosillas nadadoras australianas; me habían dado el encargo de repartirlos entre la delegación española pero quizá no tuvieron en cuenta la fogosidad hispana; medallas no sé si conseguimos cuatro o cinco pero la antorcha entre compañeros y compañeras estaba encendida a todas horas, no necesitábamos ir al pebetero. 
  La canadiense se sintió atraída por mí cuando vio que las atletas hindúes se querían hacer fotos conmigo a todas horas; en el buffet, le hice un pick and roll a Larry Bird para coincidir con ella en los postres y enseguida supe que no me quedaba más remedio que pasar por el aro. Lo suyo era la exhibición en gimnasia rítmica y lo mío acertar en la diana.
Me dijo que la noche anterior a la competición necesitaba un par de "prestaciones" pero que su habitación la compartía con otra compañera y que el entrenador no quería que se separaran ni un momento, le dije que yo era hombre de una sola mujer pero que podía hacer una excepción si me obligaban a un "ménage á troi" 
Entre las mazas, la pelota, la cuerda y las cintas -¡que arabescos me hacían con las cintas!-, nos salió una exhibición de diez, que lastima que no hubiera jueces para vernos en los ejercicios de suelo, creo que me olvidé hasta las flechas en la habitación.
Hace poco estuve en La India; me trataron como a una vaca sagrada, aún no se si por la admiración o porque he engordado un poquito.





martes, 17 de julio de 2012

Jessica lange


Mi potro Lucky Look montado por Lester Piggott ganó el Derby de Epson para envidia de Isabel II; con el pastón que me dieron al venderlo para semental me compré una pastelería en Ginebra y un Sirocco MK II nueve metros para navegar por el lago Leman. Sabia que nos encontraríamos regateando porque había leído en el Harper’s Bazaar que ella estaba allí. La localicé a barlovento, enfilé la proa y sintió curiosidad.

 -Tengo una una pastelería- le dije mientras deplegaba el spinnaker aprovechando la empopada para impresionarla.
 -Y yo un rancho en Milwaukee -me contestó.
-También tengo un quintal –o quizá dije un costal- de harina de buena calidad ¿Quieres probar mis petits plaisirs? Ambos habíamos tendido velas aprovechando el viento favorable y me situé a su banda para abarloar los barcos. Al llegar al pantalán le eché un cabo y supe que la magia del amarre había funcionado.
-Te encantará mi obrador, tengo una mesa muy grande -le dije al llegar a la pastelería donde sin tardanza me puse a abrir el saco de harina, ¿en que estaría yo pensando?
-Tu has visto “El cartero siempre llama dos veces”
 -No lo dirás por lo de la harina ¿verdad? También he visto King Kong y no me verás haciendo el mono como un gilipollas. Cuando lancé la harina sobre la mesa con el arte que me caracteriza supe que aquello no tenía vuelta atrás.
 -¿Prefieres un masaje con fondou de chocolat o pasamos directamente a lo de la harina? Ella dudaba entre un par de profiterols o el macaron.
-No se yo si…
 -Tómate tu tiempo, hoy hay colegio y no pienso abrir la pastelería, -la dije- mientras subía el sonido de la música de la banda original de La Línea Onedin, el Spartacus de Aram Khachaturian, y seguíamos amasando. Cuando arrió velas me lo soltó:
-Cuando te vi desplegar el spinnaker…




Sofia Loren



En "La caida del Imperio Romano" Sofia Loren era la hija de Marco Aurelio y yo tenía un papel injustamente valorado por los críticos puesto que no me mencionaron: era el quinto romano a la izquierda de Sofia. Mi madre me dijo cuando la llevé a ver la película -"hijo mío, nunca habia visto a un hombre en minifalda con tanta autoridad", y es que como una madre no te conoce nadie, y además, yo era un auténtico soldado romano.Un día le dije que il mío papa era calabrese y la mía mamma sicialana y se puso a bailarme una tarantela. Recuerdo un día en su caravana que estabamos bailando la polka entre risas y chianti y llamó Carlo, su marido a la sazón, desde Roma, ahí me demostró la grandisima actriz que era. Sofia era una mujer que dejaba mucho que desear, espero que no se me malinterprete.




Julie Christie




.Conocí a Julie Christie durante el rodaje de Dr. Zhivago, ella era Lara Antipova y yo el ruso que bajaba del tranvía cuando subía Omar Shariff. Lo nuestro fue un flechazo unilateral; un día le dije "I love you" y ella me contestó "fuck off". Nunca he querido que me lo tradujeran, seguro que era algo bonito.




lunes, 2 de julio de 2012

Jackeline Bisset




En el cine, como en la vida, nada es lo que parece. Se lo dije a mi amigo François Truffaut cuando le di el filtro para rodar “La noche americana”, que consiste en simular la noche a plena luz del día. Allí conocí a “Jackie”, como le gustaba que la llamaran sus amigos. Le conté que yo no era ningún “largón” como Jean Pierre Léaud, que yo no contaría nada y quedamos para cenar; me puse mis pantalones campana y mi camisa de seda; estaba tan elegante como Travolta en “Fiebre del sábado noche”, pero a ella no pareció impactarle; aprovechando que estábamos en Paris me lo soltó nada más verme: “vous êtes pathétique”. Quizá me pasé con el Varón Dandy”.



Doris day



Mi natural complaciente me impidió decirle a Doris que no era mi tipo y cuando quise reaccionar ya estaba en su casa de Santa Mónica. Me recibió con un tanga de cuero negro, botas de tacón alto hasta la rodilla, látigo de tres puntas y música de Creedence Clearwater Revival, ahí empecé a maliciarme algo. Pronto supe que las velas no iban a ser para una cena romántica; antes de terminar el Bloody Mary me desnudó, me esposó y me lanzó sobre un par de abrigos de visón extendidos sobre el suelo, me echó dos frascos de jalapeños y uno de salsa Perrins por encima sin preguntarme si me gustaba el picante y, menos sodomizarme con uno de los palos de golf, me hizo de todo. Después de darme un par de sopapos y azotarme con el látigo me preguntó: -¿Te gusta el sadomaso pequeño?
-Yo soy muy normalito no te creas…
-Te vas a enterar de lo que vale un peine, so perro.
–No si yo, en realidad…
Cuando sacó más objetos para que la atizara y se ató con cadenas, me acordé de que el mayor castigo para una sadomasoquista es no castigarla, así que aproveché para decirle
-chincha, rabia, no pienso hacerte daño para que sufras.
Y salí corriendo en busca de mi amigo el panameño Rubén Blades para que me cantara aquello de “Sorpresas te da la vida…”
Antes, dejé una nota para Doris: No me mandes flores.




Samantha Eggar


 Estábamos ensayando un Shakespeare, no recuerdo si “Ricardo III” o más bien “Mucho ruido y pocas nueces” que era una obra más apropiada para mí y en esas le di un meco a Derek Jacoby que le afecto a la glotis, por suerte eso sirvió para que le dieran el papel para interpretar a “Yo Claudio” en una serie para la TV; hoy somos grandes amigos. El Old Vic, al lado de la Waterloo station de Londres era como mi casa, por eso me sorprendió que no nos conociéramos la pelirroja pecosilla y yo. Cuando la vi, fue como un sueño de una noche de verano aunque estábamos en mayo, ella hacía Épaulement entre bambalinas y yo me sentí Baryshnikov en el Bolshoi, la llevé a escena, la tomé pour derriére, hice un Demi-plié y elevé a mi cisne blanco etérea y aterciopeladamente hasta el séptimo cielo antes de hacer nuestro Pas a deux en la intimidad, Tchaikovsky sonaba solo para nosotros, todo era mervelleux hasta que la posé suavemente sobre el escenario, entonces salió corriendo cual gacelilla asustada pero no me importó, pronto me informé sobre sus medidas y sus gustos: ropa hippie de Chelsea, abalorios de Portobello rd., perfumes de Selfridges y bombones de Harrods. Todo lo tenía dispuesto para ella en mi sótano vintage de Lancaster gate. Sería un Secuestro Express, enseguida se enamoraría de mí, pensaba yo, cuando se me adelantó El Coleccionista: Terence Stamp; desde entonces ando esperando que me crezca la nariz un poco más, aún no estoy preparado para hacer un Cyrano.