sábado, 30 de junio de 2012

Candice Bergen



Bertolucci me llamó aparte y me dijo con muy buenas palabras que el papel de “El último tango…” iba a ser para Marlon Brando. Es lo que tiene el cine, te pasas una semana ensayando con María Schneider y al final te quita el papel cualquier mindundi.
Tomé el primer avión y me presenté en Los Ángeles. Cuando estoy “depre” me gusta pasear por Rodeo Drive y que me hagan la pelota. Saco un fajo de billetes de $ 100 y enseguida empiezan a salir de las fashion shops diciendo: “D. Pedro, D. Pedro…” Y yo, “más, más, hacerme más la pelota” Al pasar delante de Van Cleef & Arples vi a la princesa de hielo y nuestras miradas se cruzaron. Enseguida supe que no iba a ser fácil ocupar la Pole Position de sus entretelas; estuve a punto de enfilar el pitch line y volver a Boxes pero la historia –me dije- no la han escrito los cobardes.
“Si quieres conocer los secretos del “Carnal Knowledge” yo soy tu hombre, pequeña”. “Me parece a mi que tu eres muy peliculero” me dijo, para entablar conversación. “El mundo de la verdad se esconde dentro de la ficción, pequeña” le dije emulando a Valdano.
Le faltó tiempo para recordarme lo que me habían dicho muchas otras antes que ella “Tu, mucho bla, bla, bla, pero poco ñaca, ñaca".



Kim Novak






Ese día había quedado en el Palm Court del Hotel Plaza de Nueva York para comer con mi amigo Paul Simon. El día antes le había presentado a un chico que se llamaba Art Garfunkel pensando que podían hacer una buena pareja “¿que hago yo con un tío que tiene apellido de una marca de televisor?” me dijo Paul; -hazme caso, insistí, olvídate del apellido y del peinado Punset, ese chico es un genio. Solía pasar antes por el bar y tomarme un Dry Martini que me preparaba yo mismo con el permiso de Joe el barman. En esas estaba cuando me percaté como me miraba ella, estaba extasiada viéndome remover (no agitar) la cucharilla dentro del vaso mezclador. Enseguida supe que era la actriz más misteriosa y sexy de cuantas poblaron el firmamento de Hollywood, parecía inaccesible incluso. Aprovechando que en mi modesto apartamento de 300 m2 en el edificio Dakota tenía productos de Keintimpalow (Cantimpalo, Segovia, Spain), le envié una nota en una servilleta por medio de Joe: “¿Te hace un Picnic?, esperando su respuesta sentí Vértigo, Me enamoré de una bruja y resucité De entre los muertos (de donde se puede resucitar si no), cuando me contestó en la misma servilleta mientras se marchaba: 316. -“Joe, muchacho, no es buen momento para sonreír, dile a Paul que comeremos otro día”.
Que no, que no te lo cuento, que luego vas y lo cascas.



Michelle Pfeiffer





Al Jatami me limpió en el Casino de Estoril jugando al bacarrá; me trató como a un infiel y tuve que volver haciendo auto-stop. Por aquel entonces mi caché cinematográfico estaba a la baja y me ofrecí como especialista en una película de templarios que se rodaba en el castillo de Loarre. Me dijeron que si quería trabajo tenía que poner el caballo, pero después de empeñarlo todo, me quedó lo justo para comprarme un borriquillo en Fregenal de La Sierra al que puse de nombre Sultán en honor del jeque que me desplumó. Atravesando tierras de Castilla desde Las Hurdes a Huesca a lomos de Sultán, me sentí Ibn Battuta, el tangerino que abrazó el horizonte. Cuando llegué, quedaban solo dos días de rodaje, pero fue suficiente… cuando vi a Michelle, supe que el affaire era inevitable.
Se enamoró perdidamente de mí y me decía cosas como: “me gusta tu punto canalla”, “me vuelve loca tu sangre española”, y “pasión gitana” -remataba yo-.
Los amores de cine terminan el último día de rodaje –si lo sabré yo-, así que para despedirnos le dije que le enseñaría La Jacetania “sube a la grupa de Sultán que nos vamos al Circo de Pineta, te enseñaré el Monte Perdido mientras me hablas de lo que la verdad esconde”. Al escuchar el pitido del tren, y a sabiendas de que estábamos en una vía muerta, no pude evitar soltar la frase típica maña: “Chufla, chufla... ¡como no te apartes tú!”. A Michelle le salió del alma decirlo: “Desde que se murió John Wayne, creí que ya no quedaban hombres así…”
Allí, a la ribera de las aguas azul turquesa del río Cinca, me dio el último beso, me convertí en renacuajo y ahí ando, esperando otra princesa de la boca de fresa que me quite el hechizo, o que me vuelva a encantar.



Ursula Andress







A Ray Bradbury In memoriam


Dos lágrimas del mar de Bora-Bora se disputaban el liderazgo para entrar en su canalillo cuando la vi en la playa con su caracola. ¡Es un pájaro!, ¡es un avión!, no, era Ursula.
-¿Qué miras? -tus o...jos -mentí como un bellaco-, lo que más me gusta de una mujer son los ojos, le dije mientras pensaba que en casa sólo entrarían productos lácteos suizos desde ese instante, el Cola-Cao, ya lo pondría yo.
- ¿Cómo te llamas? me preguntó, -Bold, Piotor Bold, pero también me puedes llamar Dr. Si o Conde Drácula, porque desde que te he visto el cuello…
-¿Que si se bucear? Acabo de llegar de la boda de la orca asesina donde fui padrino de honor, me ha traído hasta aquí la carroza de la gran centolla hechicera tirada por un ejército de caballitos de mar, el atolón coralino me acaricia al verme, la morena siempre tiene una deliciosa sonrisa para mí y el pulpo me ha regalado uno de sus tentáculos para el aperitivo -¿quieres que te lo haga a la gallega y tu pones el pimentón?
-¿Te gustaría conocerme en profundidad? me preguntó de golpe.
-que si me gust…no sólo me gustaría conocerte en profundidad, sino que con una mujer como tú, estoy convencido de que me centraría mucho, ¿regardé la gilipolluá?
Después de observar desde el puente, el rincón de los escualos, allí donde los pequeñines saltan de alegría al verme, nos dirigimos a mi cabaña; entre sabanas le enseñe el Otemanu, el monte más alto de La Perla de la Polinesia. Cuando despertó –no se si antes de, o después de- me dijo: -que bonito es el amor y lo que arrastra la pasión… ¿me romperás el corazón?
-Los heavy metal prometemos felicidad, no me pidas también fidelidad amor, le dije mientras le enseñaba una vez más el Otemanu. Y ella oponía una ligera resistencia. -Anda tonta que te va a gustar…





viernes, 29 de junio de 2012

Jean Birkin



Cuando supe que Serge Gainsbourg le daba al mollate le llevé tres botellas de Valdepeñas, le dije que eran como el Vega Sicila y tragó. Se fue a la nevera y me trajo tres botellas de Möet & Chandon. En casa siempre tomamos la Veuve Clicquot pero tragué. A Jean la encontré en una de las habitaciones acolchadas; nunca había visto a una flaca con tanto sexy, tampoco a un perro tan feo como su bull terrier inglés que no paraba de ladrarme.
Después de regalarle un bolso al que yo le puse el nombre que luego se haría famoso en todo el mundo: “Birkin”, le pedí que me cantara algo. Me dijo que no sabía hacerlo sin acompañamiento, que si tenía algún instrumento, “tengo una flauta travesera que quita el sentido” le dije mientras abría la primera botella de champán. Por momentos creí que el “Je T´aime Moi Non Plus” estaba compuesto para nosotros “¿Y si viene Serge? me susurraba Jean mientras pedía más…“Lo mandamos a la ducha, que tiene una pinta de guarro…”
El perro ladraba cada vez más bajito. Los perros son muy inteligentes, si ven a su amita contenta se les ilumina la mirada.

Anne Margret



Aprendí a hablar sueco durante la pesca del salmón en el Mar del Norte. Con los vikingos siempre me fue de cine. Por eso no tuve dificultad para entenderme con Anne cuando la vi en el casino de Las Vegas. Yo me lo jugué todo al 13 y salió el 14; ella me sonrió desde la esquina y su sonrisa iluminó la ficha de mil $ que me limpiaba el casino. Cuando el croupier dijo aquello de “Rien ne va plus” nosotros ya estábamos en el ascensor. “En mi suite tengo arenque de primerísima calidad” le dije mientras pulsaba el piso 21, “desde que te vi supe que eras un lobo de mar” me soltó.
Estuvimos danzando al son de “La cabalgata de las Valquirias” hasta que al amanecer nos sorprendió la duna. Lo nuestro fue una melodía ininterrumpida hasta que llamaron desde el hall. Me dijo Tack sá mycket (gracias en sueco) y se fue. Abajo la esperaba no se si Elvis o Steve Mc Queen. En definitiva: un par de pringaos.

Jacqueline Bisset




En el cine, como en la vida, nada es lo que parece. Se lo dije a mi amigo François Truffaut cuando le di el filtro para rodar “La noche americana”, que consiste en simular la noche a plena luz del día. Allí conocí a “Jackie”, como le gustaba que la llamaran sus amigos. Le conté que yo no era ningún “largón” como Jean Pierre Léaud, que yo no contaría nada y quedamos para cenar; me puse mis pantalones campana y mi camisa de seda; estaba tan elegante como Travolta en “Fiebre del sábado noche”, pero a ella no pareció impactarle; aprovechando que estábamos en Paris me lo soltó nada más verme: “vous êtes pathétique”. Quizá me pasé con el Varón Dandy”.

Claudia Cardinale


Nos conocimos en el rodaje de "El fabuloso mundo del circo". Yo había terminado con mi agente porque no me conseguía papeles de "prota" y ella era una estrella emergente.
La primera vez que la vi montaba un caballo blanco... yo le hablé de mis artes culinarias: risotto al funghi, penne a la rabiata...pero no le gustaba la pasta. Entonces le dije de aquella manera, mientras demontaba con mi ayuda, ¿te gustaría probar mi tiramisú? Ahí comenzó a sonreír y ya no paró durante todo el rodaje. Me dejó por un productor de cine italiano. Nunca me dejan por el aparcacoches.



Ava Gardner



Conocí a Ava Gardner en el rodaje de “55 días en Pekín”. Ella era la baronesa rusa Natalia Ivanoff y yo el tercer chino que cae al riachuelo cuando entran las tropas en la Ciudad Imperial. Creo que volví a verla en el rendez-vous del Hilton o quizá fue en la chaise longue de su caravana, no recuerdo bien y mi proverbial discreción tampoco me permite contar más. Yo soy un caballero, no como Luis Miguel Dominguín.

Cinemiento



Lo mío con el cine es de "cinemiento", mi paso por el séptimo arte fue frugal y fugaz. Comencé como extra con frase gracias a mi tía la americana que era la amante del productor, y terminé vendiendo bocadillos en los descansos de rodaje; como dijo Grucho "llegué de la nada a las más altas cotas de la miseria". Que bonitos eran los días de cine y vísperas de ná.

He visto cosas que nadie creería, todas las contaré aquí, no pienso tener secretos con mis fans. Siento que pases envidia al enterarte de mis relaciones con actrices famosas, no te lo reprocho, he sido un hombre afortunado.

Mi abuelo me lo decía cuando se estaba muriendo y yo no tardé mucho en entender el significado de sus palabras "Periquín, la vida es un cuento chino, todo es mentira". Y la palmó. Nuestra relación era como la de Salvatore y Alfredo en Cinema Paradiso, vivió su vida con la pasión que yo trato de imprimir a la mía.
Eran bellos esos momentos cuando la sociedad evolucionaba a través del cine y cambiaba la manera de pensar y de vivir de los niños y de muchos mayores. Vivir, soñar, tal vez actuar...
Mi vida, es un continuo flash back cinematográfico sin dejar de vivir intensamente el presente.
Sígueme y te enseñaré cosas que nadie creería.