sábado, 30 de junio de 2012

Ursula Andress







A Ray Bradbury In memoriam


Dos lágrimas del mar de Bora-Bora se disputaban el liderazgo para entrar en su canalillo cuando la vi en la playa con su caracola. ¡Es un pájaro!, ¡es un avión!, no, era Ursula.
-¿Qué miras? -tus o...jos -mentí como un bellaco-, lo que más me gusta de una mujer son los ojos, le dije mientras pensaba que en casa sólo entrarían productos lácteos suizos desde ese instante, el Cola-Cao, ya lo pondría yo.
- ¿Cómo te llamas? me preguntó, -Bold, Piotor Bold, pero también me puedes llamar Dr. Si o Conde Drácula, porque desde que te he visto el cuello…
-¿Que si se bucear? Acabo de llegar de la boda de la orca asesina donde fui padrino de honor, me ha traído hasta aquí la carroza de la gran centolla hechicera tirada por un ejército de caballitos de mar, el atolón coralino me acaricia al verme, la morena siempre tiene una deliciosa sonrisa para mí y el pulpo me ha regalado uno de sus tentáculos para el aperitivo -¿quieres que te lo haga a la gallega y tu pones el pimentón?
-¿Te gustaría conocerme en profundidad? me preguntó de golpe.
-que si me gust…no sólo me gustaría conocerte en profundidad, sino que con una mujer como tú, estoy convencido de que me centraría mucho, ¿regardé la gilipolluá?
Después de observar desde el puente, el rincón de los escualos, allí donde los pequeñines saltan de alegría al verme, nos dirigimos a mi cabaña; entre sabanas le enseñe el Otemanu, el monte más alto de La Perla de la Polinesia. Cuando despertó –no se si antes de, o después de- me dijo: -que bonito es el amor y lo que arrastra la pasión… ¿me romperás el corazón?
-Los heavy metal prometemos felicidad, no me pidas también fidelidad amor, le dije mientras le enseñaba una vez más el Otemanu. Y ella oponía una ligera resistencia. -Anda tonta que te va a gustar…





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