lunes, 28 de marzo de 2022
Susan Sarandon
Tito Ridley me llamó y no pude rechazar su petición. Además estaba Susan, esa mujer apasionante cuyos ojos parecen saltar hacia tus dominios y descubres que cuando ella te mira de ese modo, da igual que te encomiendes a San Cucufato porque estás perdido.
Tito Ridley necesitaba cinco coches Ford Thunderbird trucados de la misma manera para “Thelma y Louise” y sabía que yo había aprendido con los mejores mecánicos del mundo: los cubanos.
Estábamos en un motel de Arkansas para rodar la escena del Cañón del Colorado y Susan me llamó a la habitación: “Peter, el chico de recepción del motel se parece a Anthony Perkins, tengo miedo”. Jamás ninguna mujer había inventado un truco tan original para que nos viéramos en la intimidad. Me recibió como recibía a los clientes en “Pretty Baby”, con ese camisón de encaje blanco de algodón, y, mientras dejaba que se deslizara hasta su cintura, observé ese par de imperios con rosetones que suelen ser patrimonio de las diosas. Entonces se me ocurrió decir una gilipollez: “qué bonitas son” y me respondió con un lacónico “SI”, con la misma rutina de quien da los buenos días; mi comienzo no había sido muy afortunado pero enseguida lo arreglé cantándole en español lo que estaba sonando en la radio: “I’m your man” de Cohen. “Si quieres un amante, haré lo que me pidas...”Si quieres un doctor, examinaré cada centímetro de tu cuerpo...♪♫♬”... Y vaya si lo hice. Nos pusimos a jugar y quise enseñarle el doble embrague pero ella no estaba para perder el tiempo y me enseñó el desembrague.
Ese día había llovido y, mientras hacíamos el amor, y yo me deslizaba por el desfiladero de su canalillo escuchando los latidos de su corazón, en la calle sonaban intermitentes las gotas del canalón; tic... toc, tic... toc. Mi deseo aumentaba, ella era una furia desatada, y esa tarde, con Susan cabalgando cual Calígula a lomos del Incitatus al que había seducido, supe lo que significaba el empoderamiento de la mujer.
En esas llamaron a la habitación. “Es Tim, mi marido, te tienes que ir”. Salí de la habitación hecho una furia y dispuesto a darle un meco por habernos cortado nuestro encuentro en los alrededores de Casiopea pero el menda medía casi dos metros,
así que pasé de largo, me despedí de tito Ridley, y enfilé hacía Texas con uno de los Ford Thunderbird trucados que me regaló. Por esa carretera polvorienta camino de Guanajuato, viendo como el sol se ponía mientras yo me relamía, soñaba con esos instantes en los que un tal Pitt le robaba la cartera a Geena y Susan me robaba a mi el corazón.
Vivir, soñar, tal vez actuar... “¡arranca Thelma!”.
miércoles, 6 de febrero de 2019
Eva Mendes
Siempre
que veo a un grupo de chinos salgo corriendo; da igual que me
encuentre ante la Sagrada Familia o en el Museo del Prado, todos
corren con su palito para hacerse un selfie conmigo.
Todo
viene desde que rodé como prota “El Capitán de la Gran Muralla”,
una pena que no se estrenara en nuestro país y que la pusieran
censurada en China.
Mi
partner era una joven actriz miameña que se llamaba Eva Mendes.
Cuando me vio hablando en cantones con el productor le traicionaron
sus palabras: “Uy, cómo me pone escuchar a un hombre hablar un
idioma que desconozco”. “Yo me expreso en 18 idiomas” mentí
como un camaleón. “Si
quieres podemos ensayar esta tarde en mi roulotte” me dijo la muy
picarona.
¿Te
gusta el
Matusalem?
Me preguntó mientras la luna se reflejaba en sus ojos a través de
la claraboya y
en su walkman sonaba “Don’t
let me down”.
Cuando me mostró el imperio de los sentidos y empezó a despojarse
del Women'Secret
le
pregunté tirándome el moco en alemán:
¿Prefieres
un asedio lento, o una
blitzkrieg
“guerra relámpago” antes de ensayar?
Háblame
en otros idiomas mientras escuchamos música de los 60’ que se que
te gusta.
En especial el 69’ -dije yo-.
El
cielo estrellado invitaba a juegos de astronomía. Solo encuentro la
Osa Menor
-me
dijo-. Muévete buscando en
Casiopea y apreciarás a la Osa Mayor enseguida.
Mientras
me deslizaba por el sapore
di sale
de su canalillo con el velero de mi lengua no dejaba de hablarle
escuchando a Gino Paoli: “
“milloin
tapaame täs”,
que significa “Si amanece y ves que tengo frío...”en finés.
“Nasdrovia
ascaruduba blobuska Stolisnaya”,
que quiere decir:
Vaya par de ojos que tienes ...para ponerte un vodka helado en
ruso.
“Nautak
kaunista Tänään
”, que no sé lo que quiere decir pero suena a noruego y ambos
ya
estábamos
tope guay.
Toc
toc, ¿vais a venir a cenar o seguís ensayando? Déjanos
un poquito más...dijo Eva con esa sonrisa de
diablilla cubana
que le dio la naturaleza.
En
el walkman sonaba “Come
together”,
puro 69’.
martes, 2 de febrero de 2016
Mónica Bellucci
Mónica BellucciMi amigo Chema, un artista que domina muchos registros y todo lo que hace lo hace a conciencia había creado una nueva línea de camisetas sport que sin duda serían un éxito como todo lo que lleva el Chema’s touch. Al pedirme mi parecer sobre la actriz que mejor encajaría para publicitarlas le dije que Monica Bellucci pero que quizá estaba fuera de presupuesto. Entonces me dijo que no me preocupara porque Pixar y DreamWorks se disputaban apoyar el proyecto. Ahí descubrí –nunca es tarde- que me encantaban los dibujos animados.
El gran éxito teatral del año, Calígula, tenía a Chema tan ocupado que ese sábado no pudo ir a hablar con Mónica y me dejó a mí el encargo. Con la promesa de no fallar a mi amigo me dirigí al hotel.
Mónica me esperaba en la 112 del Ritz, si recuerdo el número de habitación es porque por momentos lo pasé tan bien que creí morir y pensé en llamar al SAMUR para decir que la estaba palmando de placer.
Me recibió con una bata de seda que dejaba entrever unas curvas de ensueño; enseguida le dije que lo mío no era hablar de contratos sino de medidas y saqué el metro de hule amarillo que me regaló mi abuela. Tuve que insistir porque ella no dejaba de reír pero conseguí convencerla de que yo era muy meticuloso -la lengua nos delata- y necesitaba tomar sus medidas y apuntarlas con mi lápiz de carpintero.
Al pasarle el metro por la cintura noté que se sentía incómoda y para relajarla le pregunté por su último marido, Vincent Casel
-Ya no estamos juntos, -me dijo con gesto compungido- ahora estoy sin amor.
Al verla tan triste y desamparada la abrace como se abraza a una cabritilla perdida del rebaño pero Mónica no olía a choto sino a uno de esos perfumes caros que te envuelven y hacen perder la cabeza a los hombres. Casi sin querer descubrió que por debajo de la cintura yo tenía algo más que la hebilla del cinturón.
-Vaya, que sorpresa más agradable, me soltó de sopetón mientras no dejaba de rozarse conmigo ni yo de tomar medidas. Enseguida cogí confianza y me atreví a preguntarle si sabía quién era su tocaya Mónica Lewinsky;entonces me lanzó una mirada picarona y me dijo en su idioma: ”sei un malandrino”.
En el plasma comenzaba 2001: Una Odisea del Espacio y mientras los monos destrozaban tibias yo acariciaba su rodilla imaginando como tendría la cabeza del fémur.
-“Me gustan los monos” me dijo cuando empezó a sonar "Así habló Zaratrusta"-
-"Me gustan mucho los monos”, volvió a decir.
-¿Te gustaría conocer a Tarzán? Le dije yo haciendo el gesto de Johnny Weissmüller. Entonce fue cuando se levantó, puso por fuera de la 112 -¡Socorro, SAMUR!- el cartel de “no molestar” y llamó al “Room service”.
-“Pronto, pasta per due y Chianti molto freddo per servire entro due ore”
-Si te he entendido bien, ¿primo facciamo l'amore e doppo mangiamo la pasta?
-"Questo è, caro Tarzán”
Le iba a decir "andiamo a letto" en su idoma pero me sonaba mejor en el mío “Vamos a la cama, Jane".
El grito de la jungla sonaba entre susurros mientras mis labios se juntaban con los suyos:
"Ooooooooooooh ooooooh oooooooooooh".
lunes, 23 de junio de 2014
Cristina Pedroche
Abrí el Face y ella estaba allí
-Hola!
En la parte de arriba del cuadrito blanco ponía Cristina Pedroche.
Pensé que era una broma que me gastaba Ivax Kid Smoke, el hijo del trampero
de Connecticut y de Calamity Anne pero ella insistió
incluso con familiaridad:
-Perico, ¿es que no piensas contestarme?
-Sí, escribí en un alarde de lucidez
-Verás -escribió ella- , he visto que, de todas mis amistades del Face,
eres uno de los pocos que no dice burradas, siempre tienes palabras cariñosas
hacia mí y eso me llega muy adentro, por eso quiero que nos conozcamos.
- Me sacudí la cabeza como cuando tenía pelo y me fui a mirarme al
espejo para saber que no estaba soñando. Cuando volví cambiando de canal con el
mando imaginario a lo Mr. Chance ella seguía allí.
-Yo…yo soy del Rayo de toda la vida y Vallecas me parece el barrio más
bonito de Madrid, mentí indecorosamente.
-Mañana tengo una sesión de fotos en Segovia y al bajar, si a ti te
apetece, les digo que me dejen en Patones de abajo y comemos y luego me traes a
Madrid, ¿te hace?
-Prefiero Patones de arriba –dije mostrando autoridad para que observara
que me había hecho con los mandos-, así que nos vemos allí los dos a las dos.
Al día siguiente me puse la gabardina y me fui para Patones. Lucía un sol
espléndido pero yo me veía muy bien. Ella llevaba una minifalda cortita,
generosamente cortita; en sus ojos vi el futuro y en el bolsillo de
mi gabardina encontré el botón que me faltaba.
Cuando vi que utilizaba el viejo truco de apoyarse en mi brazo haciendo
como que se caía, me dije, esta cae en Patones.
En la comida le hablé de mi travesía por el Cabo de Hornos, yo, que me
mareo en las barcas del estanque del Retiro, y noté que el atún estaba en la
almadraba.
-Quiero hacerme a la mar contigo, me dijo mientras nos acercábamos a
un pequeño hotelito con encanto.
-Aquí, le dije como el que no quiere la cosa, tienen una preciosa suite que
se llama La Higuera.
-¿Y que dan las higueras? Me preguntó la urbanita.
-Vamos dentro y luego te lo cuento.
En la calle había empezado a
lloverviernes, 15 de febrero de 2013
Kiri Te kanawa
No te eches nunca
una novia en Nueva Zelanda, las vacas se tiran cada pedo...
Kiri y yo nos conocimos en la boda de Lady Di. Yo lucía un chaqué impecable, pero en la prensa rosa de nuestro país se dijo que parecía un pingüino en un montacargas (ya se sabe que la envidia nos corroe), en realidad, y siendo objetivo, en otro tiempo me habrían confundido con Cary Grant. Cuando el príncipe Carlos, que es un personaje agrointeligente, se enrolló conmigo para contarme lo de los transgénicos, Placido acudió en mi ayuda y me presentó a Kiri; al ver cómo el láser verde de sus ojos se cruzaba con el infrarrojo de los míos me avisó: "muchacho, quizá sea mucho arroz para tan poco pollo”. Plácido, que me había visto jugar en el patatal del Orcasitas F.C., desconocía que yo ya había triunfado en campos como Old Trafford (El teatro de los sueños) o que los Barras Bravas de La Bombonera coreaban mi nombre cuando veían a algún jugador fintar o tirar un caño. Y además, nosotros ya no estábamos para consejos, la pasión es lo que tiene. Kiri me invitó a su granja de Nueva Zelanda donde llegué después de siete transbordos de avión y enseguida empezamos con nuestra Opera particular. Cuando vi que la tenía embobada con mi exhibición de taka maorí comencé con un pizzicato subiendo escalas en el pentagrama de su piel y ella me respondió con un Do de mezzo que nunca antes había conocido. Después del cuarto acto se puso declamar el Lucia Lammermoor pero yo ya estaba pidiendo un Réquiem. Sus vacas me miraban con desidia (de qué otra forma miran las vacas). Kiri estaba impresionada conmigo, y no es de extrañar, yo tenía el torso de Ricardo Montalbán y la apostura de Fernando Lamas.
Me llamaron de HOLA para ofrecerme un dineral por la exclusiva, pero desmentí la noticia, yo soy un caballero.
.El amor no es ciego, lo que no tiene es olfato. Una vaca kiwi expulsa cien kilos de metano al año y sus vacas gaseosas nos calentaban a golpe de flatulencias, así que me dije, de perdidos al río, y para seguir en la onda preparé una fabada sin preguntarle si le gustaba la cocina española. No sé si fue la Sinfónica de Berlín o la Filarmónica de Chicago la que entró en escena pero descubrí que cuando me funciona el olfato se acaba el amor; eso sí, siempre nos quedará la Opera.
Kiri y yo nos conocimos en la boda de Lady Di. Yo lucía un chaqué impecable, pero en la prensa rosa de nuestro país se dijo que parecía un pingüino en un montacargas (ya se sabe que la envidia nos corroe), en realidad, y siendo objetivo, en otro tiempo me habrían confundido con Cary Grant. Cuando el príncipe Carlos, que es un personaje agrointeligente, se enrolló conmigo para contarme lo de los transgénicos, Placido acudió en mi ayuda y me presentó a Kiri; al ver cómo el láser verde de sus ojos se cruzaba con el infrarrojo de los míos me avisó: "muchacho, quizá sea mucho arroz para tan poco pollo”. Plácido, que me había visto jugar en el patatal del Orcasitas F.C., desconocía que yo ya había triunfado en campos como Old Trafford (El teatro de los sueños) o que los Barras Bravas de La Bombonera coreaban mi nombre cuando veían a algún jugador fintar o tirar un caño. Y además, nosotros ya no estábamos para consejos, la pasión es lo que tiene. Kiri me invitó a su granja de Nueva Zelanda donde llegué después de siete transbordos de avión y enseguida empezamos con nuestra Opera particular. Cuando vi que la tenía embobada con mi exhibición de taka maorí comencé con un pizzicato subiendo escalas en el pentagrama de su piel y ella me respondió con un Do de mezzo que nunca antes había conocido. Después del cuarto acto se puso declamar el Lucia Lammermoor pero yo ya estaba pidiendo un Réquiem. Sus vacas me miraban con desidia (de qué otra forma miran las vacas). Kiri estaba impresionada conmigo, y no es de extrañar, yo tenía el torso de Ricardo Montalbán y la apostura de Fernando Lamas.
Me llamaron de HOLA para ofrecerme un dineral por la exclusiva, pero desmentí la noticia, yo soy un caballero.
.El amor no es ciego, lo que no tiene es olfato. Una vaca kiwi expulsa cien kilos de metano al año y sus vacas gaseosas nos calentaban a golpe de flatulencias, así que me dije, de perdidos al río, y para seguir en la onda preparé una fabada sin preguntarle si le gustaba la cocina española. No sé si fue la Sinfónica de Berlín o la Filarmónica de Chicago la que entró en escena pero descubrí que cuando me funciona el olfato se acaba el amor; eso sí, siempre nos quedará la Opera.
jueves, 30 de agosto de 2012
Sonia Braga
Cuando me desperté la Braga todavía estaba allí. Desde la terraza de mi habitación en el César Park de Río de Janeiro situado frente a la playa de Ipanema, observaba como unos jóvenes practicaban ritos de magia negra, era la nochevieja del 88. Horas antes de la media noche las hogueras y el vudú llenan las playas de Río en un gran espectáculo de luz y sonido que surge espontáneamente, Macumba le llaman allí. Estaba en Río para rodar una corta aparición en la Telenovela del gran Jorge Amado, Gabriela, protagonizada por Sonia. Yo hacia de un rico hacendado español con traje blanco de lino. Cuando acudí a la fiesta en Barra de Tijuca en la que estaban mis amigos Caetano Veloso, Joao Gilberto, Milton Nascimento, Xuxa y Astrud Gilberto, también estaba ella. Al verla, se me pasaron ideas muy raras por la cabeza o...quizás no eran tan raras pero quedé abismado. El día que quedamos para ensayar en su casa de Leblón acudí con el traje de lino para que apreciara que yo era un profesional, pero ella no paraba de reír. Me recibió vestida de Carmen Miranda sólo con el canasto de la fruta sobre la cabeza, había perdido hasta el apellido. Se le cayó una manzana y la mordí. Cuando se fue a la ducha y me llamó: - ¿Voçe gosta de darme jabón por la espalda?, pensé: de ser un sueño querría que fuera un sueño eterno. Cuando se dio la vuelta, vi que su cuerpo era puro Brasil, salvo los pezones que se asemejaban a galletas María de chocolate y olían a Aguilar de Campoo, su boca era el Pan de Azúcar y su cabello pura Amazonía, me colgué de las lianas de uno de sus mechones y recorrí el país hasta el Mato Grosso do Sul.
- "Eu gosto de voçe"
-me dijo, mientras seguía moviendo esa estructura que le dio la
naturaleza o Dios, que más da.
-Voçe é como as estrellas muito
mais bonitinha que elas. Non posso mais amar a ninguem -le dije. Entonces tomé el
berimbau y a ritmo trepidante, le dediqué a Cançao do mar, de Ellis
Regina.
En el amanecer malva, Sonia me miraba
atenta. Fui consciente de la fascinación que producían en ella mis
conocimientos musicales y mi voz rasgada, entonces le canté una última
canción, la última que compartimos juntos.
Nega do cabelo duro
Qual é o pente que te penteia?
qual é o pente que te penteia?
Quando tu entras na roda
O teu corpo serpenteia
Quando tu entras na roda
Tem un "q" que me
tonteia.
Nos atontamos con me
"tonteia" y nos desmayamos hasta bien caida la tarde.
Era la noche de reyes. Yo disfruté moito del regalo. Es más, aún sigo creyendo
en los Reyes Magos.
lunes, 6 de agosto de 2012
Brigitte bardot
Acabo de llegar del veterinario de
vacunar a todas mis hormigas, las he dejado muy contentas en su montoncito de
arena y las vigilaré por si tienen fiebre. Todo el amor que le tengo a los
animales se lo debo a BB. Me tuvo una semana entre gatos y perros sin salir de La Madrague para resguardarme de los paparazzi y pedíamos la comida a domicilio a Sénéquier, la creme de la creme de Saint-Tropez. Desde entonces soy
vegetariano, que no me hablen de los andares del cochinillo, de la sonrisa del
rape, o de la lubina a la sal, donde esté un pepino y una escarola...
Estábamos rodando exteriores de la
película de Luis de Funes El
gendarme de St-tropez y al
verme con el uniforme de la gendarmerie se quedó epaté de foie. Ella pasaba con
su Rolls Roice blanco y me llamó, nadie le había dicho que no a BB hasta ese
momento; yo tampoco.
El día que le hice un micuit artesano
receta de mi abuela llamó al servicio para que no nos molestaran y nos pusimos
a hacer cucamonas con las hojas de la ensalada. Ella me daba una hojita de
lechuga y me decía pour toi mon amour y yo le enseñaba otra y le decía aprés toi chérie; todo sucedía
mientras escuchábamos a un tal Aznavour, un tío muy feo pero con unas canciones
muy apropiadas para nuestra liaison;
el amor es lo que tiene.
Nuestro amour fou lo estropeó un tal Gunter Sachs, un
multimillonario que no se le ocurrió otra cosa mejor para encandilarla que
regar la playa de St.-Tropez, de rosas desde una avioneta que al mismo tiempo
dejaba una estela tontísima que decía "Je t'aime BB", una horterada
que yo sabía que no funcionaría; pues funcionó.
Y aquí me tienes con Leo y Messi, mis
dos Yorkshire Terrier entrenándolos para que aprendan comandos.
martes, 31 de julio de 2012
Dominique Strasberg
Siempre me gustó la frase del barón
Pierre de Coubertain: Sexus, siestus, fiestus, ¿o no es así? Bueno, el caso es
que conseguí la mínima en la especialidad de tiro con arco para los Ángeles 84'
después de rodar Robin de Sherwood, la película que me dio tanta popularidad en
La India; rodar en Bollywood y que la película sea un éxito de taquilla en
Bombay es lo que tiene.
En los juegos quedé el vigésimo séptimo de veintisiete, y es que ya se sabe: no se puede estar al plato y a las tajás. Al quinto día de estar en La villa olímpica se nos habían agotado los siete mil Durex, lo que me valió el apelativo de Mr.Cóndon por las graciosillas y fogosillas nadadoras australianas; me habían dado el encargo de repartirlos entre la delegación española pero quizá no tuvieron en cuenta la fogosidad hispana; medallas no sé si conseguimos cuatro o cinco pero la antorcha entre compañeros y compañeras estaba encendida a todas horas, no necesitábamos ir al pebetero.
La canadiense se sintió atraída por mí cuando vio que las atletas hindúes se querían hacer fotos conmigo a todas horas; en el buffet, le hice un pick and roll a Larry Bird para coincidir con ella en los postres y enseguida supe que no me quedaba más remedio que pasar por el aro. Lo suyo era la exhibición en gimnasia rítmica y lo mío acertar en la diana.
En los juegos quedé el vigésimo séptimo de veintisiete, y es que ya se sabe: no se puede estar al plato y a las tajás. Al quinto día de estar en La villa olímpica se nos habían agotado los siete mil Durex, lo que me valió el apelativo de Mr.Cóndon por las graciosillas y fogosillas nadadoras australianas; me habían dado el encargo de repartirlos entre la delegación española pero quizá no tuvieron en cuenta la fogosidad hispana; medallas no sé si conseguimos cuatro o cinco pero la antorcha entre compañeros y compañeras estaba encendida a todas horas, no necesitábamos ir al pebetero.
La canadiense se sintió atraída por mí cuando vio que las atletas hindúes se querían hacer fotos conmigo a todas horas; en el buffet, le hice un pick and roll a Larry Bird para coincidir con ella en los postres y enseguida supe que no me quedaba más remedio que pasar por el aro. Lo suyo era la exhibición en gimnasia rítmica y lo mío acertar en la diana.
Me dijo que la noche anterior a la
competición necesitaba un par de "prestaciones" pero que su
habitación la compartía con otra compañera y que el entrenador no quería que se
separaran ni un momento, le dije que yo era hombre de una sola mujer pero que
podía hacer una excepción si me obligaban a un "ménage á troi"
Entre las mazas, la pelota, la cuerda y las cintas -¡que arabescos me hacían con las cintas!-, nos salió una exhibición de diez, que lastima que no hubiera jueces para vernos en los ejercicios de suelo, creo que me olvidé hasta las flechas en la habitación.
Entre las mazas, la pelota, la cuerda y las cintas -¡que arabescos me hacían con las cintas!-, nos salió una exhibición de diez, que lastima que no hubiera jueces para vernos en los ejercicios de suelo, creo que me olvidé hasta las flechas en la habitación.
Hace poco estuve en La India; me
trataron como a una vaca sagrada, aún no se si por la admiración o porque he
engordado un poquito.
martes, 17 de julio de 2012
Jessica lange
Mi potro Lucky Look montado por Lester Piggott ganó el Derby de Epson para envidia de Isabel II; con el pastón que me dieron al venderlo para semental me compré una pastelería en Ginebra y un Sirocco MK II nueve metros para navegar por el lago Leman. Sabia que nos encontraríamos regateando porque había leído en el Harper’s Bazaar que ella estaba allí. La localicé a barlovento, enfilé la proa y sintió curiosidad.
-Tengo una una pastelería- le
dije mientras deplegaba el spinnaker aprovechando la empopada para
impresionarla.
-Y yo un rancho en Milwaukee -me
contestó.
-También tengo un quintal –o quizá
dije un costal- de harina de buena calidad ¿Quieres probar mis petits plaisirs?
Ambos habíamos tendido velas aprovechando el viento favorable y me situé a su
banda para abarloar los barcos. Al llegar al pantalán le eché un cabo y supe
que la magia del amarre había funcionado.
-Te encantará mi obrador, tengo una
mesa muy grande -le dije al llegar a la pastelería donde sin tardanza me puse a
abrir el saco de harina, ¿en que estaría yo pensando?
-Tu has visto “El cartero siempre
llama dos veces”
-No lo dirás por lo de la harina
¿verdad? También he visto King Kong y no me verás haciendo el mono como un
gilipollas. Cuando lancé la harina sobre la mesa con el arte que me caracteriza
supe que aquello no tenía vuelta atrás.
-¿Prefieres un masaje con fondou
de chocolat o pasamos directamente a lo de la harina? Ella dudaba entre un par
de profiterols o el macaron.
-No se yo si…
-Tómate tu tiempo, hoy hay
colegio y no pienso abrir la pastelería, -la dije- mientras subía el sonido de
la música de la banda original de La Línea Onedin, el Spartacus de Aram
Khachaturian, y seguíamos amasando. Cuando arrió velas me lo soltó:
-Cuando te vi desplegar el spinnaker…
Sofia Loren
En "La caida del Imperio Romano" Sofia
Loren era la hija de Marco Aurelio y yo tenía un papel injustamente valorado
por los críticos puesto que no me mencionaron: era el quinto romano a la
izquierda de Sofia. Mi madre me dijo cuando la llevé a ver la película
-"hijo mío, nunca habia visto a un hombre en minifalda con tanta
autoridad", y es que como una madre no te conoce nadie, y además, yo era
un auténtico soldado romano.Un día le dije que il mío papa era calabrese y la
mía mamma sicialana y se puso a bailarme una tarantela. Recuerdo un día en su
caravana que estabamos bailando la polka entre risas y chianti y llamó Carlo,
su marido a la sazón, desde Roma, ahí me demostró la grandisima actriz que era.
Sofia era una mujer que dejaba mucho que desear, espero que no se me
malinterprete.
Julie Christie
.Conocí a Julie Christie durante el rodaje de Dr.
Zhivago, ella era Lara Antipova y yo el ruso que bajaba del tranvía cuando
subía Omar Shariff. Lo nuestro fue un flechazo unilateral; un día le dije
"I love you" y ella me contestó "fuck off". Nunca he
querido que me lo tradujeran, seguro que era algo bonito.
lunes, 2 de julio de 2012
Jackeline Bisset
En el cine, como en la vida, nada es lo que parece.
Se lo dije a mi amigo François Truffaut cuando le di el filtro para rodar “La
noche americana”, que consiste en simular la noche a plena luz del día. Allí
conocí a “Jackie”, como le gustaba que la llamaran sus amigos. Le conté que yo
no era ningún “largón” como Jean Pierre Léaud, que yo no contaría nada y
quedamos para cenar; me puse mis pantalones campana y mi camisa de seda; estaba
tan elegante como Travolta en “Fiebre del sábado noche”, pero a ella no pareció
impactarle; aprovechando que estábamos en Paris me lo soltó nada más verme:
“vous êtes pathétique”. Quizá me pasé con el Varón Dandy”.
Doris day

Mi natural complaciente me impidió
decirle a Doris que no era mi tipo y cuando quise reaccionar ya estaba en su
casa de Santa Mónica. Me recibió con un tanga de cuero negro, botas de tacón
alto hasta la rodilla, látigo de tres puntas y música de Creedence Clearwater
Revival, ahí empecé a maliciarme algo. Pronto supe que las velas no iban a ser
para una cena romántica; antes de terminar el Bloody Mary me desnudó, me esposó
y me lanzó sobre un par de abrigos de visón extendidos sobre el suelo, me echó
dos frascos de jalapeños y uno de salsa Perrins por encima sin preguntarme si
me gustaba el picante y, menos sodomizarme con uno de los palos de golf, me
hizo de todo. Después de darme un par de sopapos y azotarme con el látigo me
preguntó: -¿Te gusta el sadomaso pequeño?
-Yo soy muy normalito no te creas…
-Te vas a enterar de lo que vale un
peine, so perro.
–No si yo, en realidad…
Cuando sacó más objetos para que la
atizara y se ató con cadenas, me acordé de que el mayor castigo para una
sadomasoquista es no castigarla, así que aproveché para decirle
-chincha, rabia, no pienso hacerte
daño para que sufras.
Y salí corriendo en busca de mi amigo
el panameño Rubén Blades para que me cantara aquello de “Sorpresas te da la
vida…”
Antes, dejé una nota para Doris: No me
mandes flores.
Samantha Eggar
Estábamos ensayando un Shakespeare, no recuerdo si “Ricardo III” o más bien “Mucho ruido y pocas nueces” que era una obra más apropiada para mí y en esas le di un meco a Derek Jacoby que le afecto a la glotis, por suerte eso sirvió para que le dieran el papel para interpretar a “Yo Claudio” en una serie para la TV; hoy somos grandes amigos. El Old Vic, al lado de la Waterloo station de Londres era como mi casa, por eso me sorprendió que no nos conociéramos la pelirroja pecosilla y yo. Cuando la vi, fue como un sueño de una noche de verano aunque estábamos en mayo, ella hacía Épaulement entre bambalinas y yo me sentí Baryshnikov en el Bolshoi, la llevé a escena, la tomé pour derriére, hice un Demi-plié y elevé a mi cisne blanco etérea y aterciopeladamente hasta el séptimo cielo antes de hacer nuestro Pas a deux en la intimidad, Tchaikovsky sonaba solo para nosotros, todo era mervelleux hasta que la posé suavemente sobre el escenario, entonces salió corriendo cual gacelilla asustada pero no me importó, pronto me informé sobre sus medidas y sus gustos: ropa hippie de Chelsea, abalorios de Portobello rd., perfumes de Selfridges y bombones de Harrods. Todo lo tenía dispuesto para ella en mi sótano vintage de Lancaster gate. Sería un Secuestro Express, enseguida se enamoraría de mí, pensaba yo, cuando se me adelantó El Coleccionista: Terence Stamp; desde entonces ando esperando que me crezca la nariz un poco más, aún no estoy preparado para hacer un Cyrano.
sábado, 30 de junio de 2012
Candice Bergen
Bertolucci me llamó
aparte y me dijo con muy buenas palabras que el papel de “El último tango…” iba
a ser para Marlon Brando. Es lo que tiene el cine, te pasas una semana
ensayando con María Schneider y al final te quita el papel cualquier
mindundi.
Tomé el primer avión y me presenté en Los Ángeles. Cuando estoy “depre” me gusta pasear por Rodeo Drive y que me hagan la pelota. Saco un fajo de billetes de $ 100 y enseguida empiezan a salir de las fashion shops diciendo: “D. Pedro, D. Pedro…” Y yo, “más, más, hacerme más la pelota” Al pasar delante de Van Cleef & Arples vi a la princesa de hielo y nuestras miradas se cruzaron. Enseguida supe que no iba a ser fácil ocupar la Pole Position de sus entretelas; estuve a punto de enfilar el pitch line y volver a Boxes pero la historia –me dije- no la han escrito los cobardes.
“Si quieres conocer los secretos del “Carnal Knowledge” yo soy tu hombre, pequeña”. “Me parece a mi que tu eres muy peliculero” me dijo, para entablar conversación. “El mundo de la verdad se esconde dentro de la ficción, pequeña” le dije emulando a Valdano.
Le faltó tiempo para recordarme lo que me habían dicho muchas otras antes que ella “Tu, mucho bla, bla, bla, pero poco ñaca, ñaca".
Tomé el primer avión y me presenté en Los Ángeles. Cuando estoy “depre” me gusta pasear por Rodeo Drive y que me hagan la pelota. Saco un fajo de billetes de $ 100 y enseguida empiezan a salir de las fashion shops diciendo: “D. Pedro, D. Pedro…” Y yo, “más, más, hacerme más la pelota” Al pasar delante de Van Cleef & Arples vi a la princesa de hielo y nuestras miradas se cruzaron. Enseguida supe que no iba a ser fácil ocupar la Pole Position de sus entretelas; estuve a punto de enfilar el pitch line y volver a Boxes pero la historia –me dije- no la han escrito los cobardes.
“Si quieres conocer los secretos del “Carnal Knowledge” yo soy tu hombre, pequeña”. “Me parece a mi que tu eres muy peliculero” me dijo, para entablar conversación. “El mundo de la verdad se esconde dentro de la ficción, pequeña” le dije emulando a Valdano.
Le faltó tiempo para recordarme lo que me habían dicho muchas otras antes que ella “Tu, mucho bla, bla, bla, pero poco ñaca, ñaca".
Kim Novak
Ese día había quedado en el Palm Court del Hotel Plaza de Nueva York para comer con mi amigo Paul Simon. El día antes le había presentado a un chico que se llamaba Art Garfunkel pensando que podían hacer una buena pareja “¿que hago yo con un tío que tiene apellido de una marca de televisor?” me dijo Paul; -hazme caso, insistí, olvídate del apellido y del peinado Punset, ese chico es un genio. Solía pasar antes por el bar y tomarme un Dry Martini que me preparaba yo mismo con el permiso de Joe el barman. En esas estaba cuando me percaté como me miraba ella, estaba extasiada viéndome remover (no agitar) la cucharilla dentro del vaso mezclador. Enseguida supe que era la actriz más misteriosa y sexy de cuantas poblaron el firmamento de Hollywood, parecía inaccesible incluso. Aprovechando que en mi modesto apartamento de 300 m2 en el edificio Dakota tenía productos de Keintimpalow (Cantimpalo, Segovia, Spain), le envié una nota en una servilleta por medio de Joe: “¿Te hace un Picnic?, esperando su respuesta sentí Vértigo, Me enamoré de una bruja y resucité De entre los muertos (de donde se puede resucitar si no), cuando me contestó en la misma servilleta mientras se marchaba: 316. -“Joe, muchacho, no es buen momento para sonreír, dile a Paul que comeremos otro día”.
Que no, que no te lo cuento, que luego vas y lo cascas.
Michelle Pfeiffer
Al Jatami me limpió en el Casino de Estoril jugando al bacarrá; me trató como a un infiel y tuve que volver haciendo auto-stop. Por aquel entonces mi caché cinematográfico estaba a la baja y me ofrecí como especialista en una película de templarios que se rodaba en el castillo de Loarre. Me dijeron que si quería trabajo tenía que poner el caballo, pero después de empeñarlo todo, me quedó lo justo para comprarme un borriquillo en Fregenal de La Sierra al que puse de nombre Sultán en honor del jeque que me desplumó. Atravesando tierras de Castilla desde Las Hurdes a Huesca a lomos de Sultán, me sentí Ibn Battuta, el tangerino que abrazó el horizonte. Cuando llegué, quedaban solo dos días de rodaje, pero fue suficiente… cuando vi a Michelle, supe que el affaire era inevitable.
Se enamoró perdidamente de mí y me decía cosas como: “me gusta tu punto canalla”, “me vuelve loca tu sangre española”, y “pasión gitana” -remataba yo-.
Los amores de cine terminan el último día de rodaje –si lo sabré yo-, así que para despedirnos le dije que le enseñaría La Jacetania “sube a la grupa de Sultán que nos vamos al Circo de Pineta, te enseñaré el Monte Perdido mientras me hablas de lo que la verdad esconde”. Al escuchar el pitido del tren, y a sabiendas de que estábamos en una vía muerta, no pude evitar soltar la frase típica maña: “Chufla, chufla... ¡como no te apartes tú!”. A Michelle le salió del alma decirlo: “Desde que se murió John Wayne, creí que ya no quedaban hombres así…”
Allí, a la ribera de las aguas azul turquesa del río Cinca, me dio el último beso, me convertí en renacuajo y ahí ando, esperando otra princesa de la boca de fresa que me quite el hechizo, o que me vuelva a encantar.
Ursula Andress
A Ray Bradbury In memoriam
Dos lágrimas del mar de Bora-Bora se
disputaban el liderazgo para entrar en su canalillo cuando la vi en la playa
con su caracola. ¡Es un pájaro!, ¡es un avión!, no, era Ursula.
-¿Qué miras? -tus o...jos -mentí como
un bellaco-, lo que más me gusta de una mujer son los ojos, le dije mientras
pensaba que en casa sólo entrarían productos lácteos suizos desde ese instante,
el Cola-Cao, ya lo pondría yo.
- ¿Cómo te llamas? me preguntó, -Bold, Piotor Bold, pero también me puedes llamar Dr. Si o Conde Drácula, porque desde que te he visto el cuello…
-¿Que si se bucear? Acabo de llegar de la boda de la orca asesina donde fui padrino de honor, me ha traído hasta aquí la carroza de la gran centolla hechicera tirada por un ejército de caballitos de mar, el atolón coralino me acaricia al verme, la morena siempre tiene una deliciosa sonrisa para mí y el pulpo me ha regalado uno de sus tentáculos para el aperitivo -¿quieres que te lo haga a la gallega y tu pones el pimentón?
-¿Te gustaría conocerme en profundidad? me preguntó de golpe.
-que si me gust…no sólo me gustaría conocerte en profundidad, sino que con una mujer como tú, estoy convencido de que me centraría mucho, ¿regardé la gilipolluá?
Después de observar desde el puente, el rincón de los escualos, allí donde los pequeñines saltan de alegría al verme, nos dirigimos a mi cabaña; entre sabanas le enseñe el Otemanu, el monte más alto de La Perla de la Polinesia. Cuando despertó –no se si antes de, o después de- me dijo: -que bonito es el amor y lo que arrastra la pasión… ¿me romperás el corazón?
-Los heavy metal prometemos felicidad, no me pidas también fidelidad amor, le dije mientras le enseñaba una vez más el Otemanu. Y ella oponía una ligera resistencia. -Anda tonta que te va a gustar…
- ¿Cómo te llamas? me preguntó, -Bold, Piotor Bold, pero también me puedes llamar Dr. Si o Conde Drácula, porque desde que te he visto el cuello…
-¿Que si se bucear? Acabo de llegar de la boda de la orca asesina donde fui padrino de honor, me ha traído hasta aquí la carroza de la gran centolla hechicera tirada por un ejército de caballitos de mar, el atolón coralino me acaricia al verme, la morena siempre tiene una deliciosa sonrisa para mí y el pulpo me ha regalado uno de sus tentáculos para el aperitivo -¿quieres que te lo haga a la gallega y tu pones el pimentón?
-¿Te gustaría conocerme en profundidad? me preguntó de golpe.
-que si me gust…no sólo me gustaría conocerte en profundidad, sino que con una mujer como tú, estoy convencido de que me centraría mucho, ¿regardé la gilipolluá?
Después de observar desde el puente, el rincón de los escualos, allí donde los pequeñines saltan de alegría al verme, nos dirigimos a mi cabaña; entre sabanas le enseñe el Otemanu, el monte más alto de La Perla de la Polinesia. Cuando despertó –no se si antes de, o después de- me dijo: -que bonito es el amor y lo que arrastra la pasión… ¿me romperás el corazón?
-Los heavy metal prometemos felicidad, no me pidas también fidelidad amor, le dije mientras le enseñaba una vez más el Otemanu. Y ella oponía una ligera resistencia. -Anda tonta que te va a gustar…
viernes, 29 de junio de 2012
Jean Birkin
Cuando supe que Serge Gainsbourg le daba al mollate le llevé tres botellas de Valdepeñas, le dije que eran como el Vega Sicila y tragó. Se fue a la nevera y me trajo tres botellas de Möet & Chandon. En casa siempre tomamos la Veuve Clicquot pero tragué. A Jean la encontré en una de las habitaciones acolchadas; nunca había visto a una flaca con tanto sexy, tampoco a un perro tan feo como su bull terrier inglés que no paraba de ladrarme.
Después de regalarle un bolso al que yo le puse el nombre que luego se haría famoso en todo el mundo: “Birkin”, le pedí que me cantara algo. Me dijo que no sabía hacerlo sin acompañamiento, que si tenía algún instrumento, “tengo una flauta travesera que quita el sentido” le dije mientras abría la primera botella de champán. Por momentos creí que el “Je T´aime Moi Non Plus” estaba compuesto para nosotros “¿Y si viene Serge? me susurraba Jean mientras pedía más…“Lo mandamos a la ducha, que tiene una pinta de guarro…”
El perro ladraba cada vez más bajito. Los perros son muy inteligentes, si ven a su amita contenta se les ilumina la mirada.
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